Palabras entrecruzadas, letras hadas,
frases sin sentido, amenazas de un verbo,
ojos que escudriñan libros, en busca de un sentido,
en busca de aquello que el tiempo logró esconder,
sigilosamente intriga a las mentes de aquellos que
osan sin sentido anteponerse, sin yelmo alguno
a la furia de la insensatez.
Son muchos los insensatos que insisten,
en vacías contemplaciones y de vacuos anhelos,
aún sin lograr fruto alguno, derivan largos años
en el hastío, esperando, aguardando que algo,
un desconocido, una realidad oculta acuda,
mas sin embargo, sólo la estupidez acude,
acogiendolos en sus agridulces brazos,
relantando historias de tiempo inexistentes
y de fantasías reales.
Tórrido y luminoso, se alza Febo,
colocándose sobre las cabezas de sus subditos,
dandole la ilusión de iluminación, de realización.
¡Cuán cruel ilusión!
Por senderos desconocidos transita el vulgo,
desdeñando y porfiriendo contra sus maestros,
insultando su reputación, con reflejos de su
idiotez entremezclada con el ánimo de autodestrucción,
sólo amenazan su propio maestro,
el que llevan consigo a doquier,
y al que oídos sordos siempre hacen.
Inesperados sonidos se ciernen,
rodeando con vasculantes ideas
sobre la oscuridad, sobre la luz, sobre nada.
Un solitario relámpago rompe el cielo,
dejando escuchar el lamento de los ángeles
que derrite a su paso, con funesta furia,
con violento paso y sin temor alguno a
que Dios le castige por matar a sus ángeles.
Claman las almas del submundo que un rayo les caiga,
pues es la única manera de sus almas poder salvar,
sumidas en el miedo, ausentes de luz,
se alimentan sólo del detritus de los que arriba habitan.
Penosos lamentos, oraciones a falsos ídolos,
acompañan la jornada, si acaso es una jornada,
de estos lamentables seres, cuya perdición es segura,
pues los relámpagos sólo se ocupan de matar ángeles.
Absortos observan los imbéciles el juego,
con sus ojos rodean lo que desean, mas,
no pueden alcanzar, pues muy distante se asoma.
Con saña algunos intentan, pero su ínfima ridiculez
ata sus pies e impide su avanzada.
No son aventajados aquellos que no se creen atados,
pues su mente permanece en el vacío,
dando vueltas sobre sí, sobre pensamientos inócuos,
calculando sobre planos irreales, imaginando la nada
con increíble adoración nihilista, sincretismo de
sus vulgares creencias costumbristas.
