jueves, 26 de junio de 2008

... no puedo oir lo que dices...

"Tus labios se mueven pero
no puedo oir lo que dices..."

Ahogado, sin salida, sin más recurso
que el precipicio mismo.
Paranoico hasta de mi sombra,
recluso de una prisión mental
más poderosa que cualquiera de verdad,
trago mis palabras, insípidas y muertas,
mas sólo mi sonbra, de la cual desconfío,
oye con morbosa atención.

"Tus labios se mueven pero
no puedo oir lo que dices..."

Cautivo de mis pensamientos,
mis miradas esquivas,
oculto en mis poses desganadas,
vaciado en un sin fin de mentiras
y fantasías perversas,
obligado por Dios a pagar pecados
desconocidos.
Solo en mi soledad.


"Tus labios se mueven pero
no puedo oir lo que dices..."


Con el recuerdo vivo,
latente memoria de un pasado
lleno de historias increíblemente reales,
me alojo en ellas, aferrándome tan fuerte
que mis brazos duelen cada amanecer
y al ocaso, apenas fuerzas tienen.


"Tus labios se mueven pero
no puedo oir lo que dices..."


Tentado por mis fantasías
pequeños demonios susurran
haciendo mella en mi espíritu.
¿Creen que algún día podrán horadar mi voluntad?
Quizás sí... Pero hoy no.
Hoy no, y el mañana existe sólo
para aquella parte de mí que cree
en los cuentos de hadas.


"Tus labios se mueven pero
no puedo oir lo que dices..."

Sólo sé que no sé nada,
y del recuerdo, sólo queda el dolor,
hundido en costras de heridas que alguna
vez sanaron lentamente pero siguen latentes.
Me conformo con nada, pues nada fui alguna vez
y nada seré al final del camino.






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Dedicado a los días y noches oscuras que todos tenemos, algunos más que otros, en el curso de nuestra existencia, sólo recordándole a aquellos que no creen en el mañana que sólo son prisioneros de sus pensamientos tortuosos. Cambia tu mente y serás grande, un paso a la vez y con voluntad.

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